Todo comenzó hace tal vez, un par de meses, fiesta familiar, mucha comida, trajes bonitos, música muy suave, la terraza llena, los cuartos con humos de diferentes colores, la luna redonda sobre las tejas y yo, sentado mirándola fijamente… ahí estaba, la naranja, mi cometido, el uno para el otro, yo y mi naranja.
30 minutos perdidos contemplando semejante circunferencia, la tome muy fuerte y rasgue su piel dura y firme buscando algo dentro de ella que me respondiera hasta las más complejas y remotas inquietudes.
7 siglos de generaciones, toda la casa llena de seres mitológicos que yo llamaba familia, y es que desde pequeño mientras me enseñaban como mirar el otro lado del espejo y como abrir cerraduras rascando las puertas, nunca me dijeron que toda mi vida giraría entorno a una simple naranja.
Me comí la mitad y me pareció ver un reflejo azulado en su cáscara, pero solo fue la impresión, como en muchos otros casos, las impresiones solo sirven para engañar y debilitar la voluntad.
Era intentar comprenderla, es redonda, y es naranja, se me atrofiaba el cerebro de pensar en algo más
200 mestizos directos de genios en lámpara y ni uno llego a la fiesta.
Y ahora, aun después de esa noche desastrosa, me pregunto como lograrlo.

Dos meses perdí ya
No se cuanto tengo para lograrlo
Y definitivamente no tengo idea de como lograr que mi naranja se vuelva púrpura.