Detrás de un enorme armario, en las habitaciones del ala este se encuentra uno de mis lugares favoritos en toda mi casa, es una puerta como todas, pero no se rasca, se le susurra muy bajito y ella se abre, alguna bruja que habito esta casa, una de tantas, dejó su biblioteca más privada detrás de este armario, un viejo laboratorio con cabezas diminutas y un espejo donde puedo observar detalles de las estrellas. Ahí me oculto muchas veces, cuando mi naranja me atormenta, cuando se me escabullen las ganas de vivir y la magia se me agota.
Cuando la piel se me seca.
Y los ojos se me vuelven vidrio.
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