Ya tarde y los unicornios deambulan por las afueras cerca del portón este, y ahí, acentuada por la luna, la naranja me mira, esperando que yo le de la orden de cambiar.
Boca arriba sobre las lozas frías de la terraza, y solo pienso que debería terminar de una vez con todo.
Y es que muchas veces pierdo mi tiempo esperando a que otros quieran compartir un poco conmigo.
Al final del día siempre estoy yo y mi naranja nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario