En mi familia hay varios ritos que se saben, son tan peligrosos como necesarios, cuando se nace bajos los signos del sol, se desprenden varios trozos del alma y son guardados en diferentes y profundos lugares. Uno de ellos se encarga de dominar a la bestia que nace en todo corazón

, no es propio llamarlo por un solo nombre, es como un demonio que sopla por las venas esa energía frágil que mueve voluntades.
Hace tanto tiempo lo deje a la orilla del mar, y ahora desde los restos de algún cetáceo a regresado a mi.
En este momento cuando la naranja esta verde y las llaves de mi conciencia andan dispersas en el ático.
Yo realmente podía vivir sin el, ya del todo falta no me hacía, no era necesario que los tritones me lo regresaran.
Entre todas las familias siempre se esconde ese aroma en lo profundo del mar, y aquellos que conocen las delgadas cuerdas del tiempo, son los únicos que le ruegan a las sirenas por su retorno.
Y ahora, en este momento en el que la cabeza no me cabe por los cuellos de las camisas.
Cuando la piel se me seca de solo intentarlo
Y los ojos se me acostumbraron a mirar sin querer
Vuelve a mi
Desterrado de las entrañas de alguna ballena
Traido por los mismos reyes del mar
Encerrado en un caracol
Esa inconciencia que mueve al mundo.
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