Es solo escuchar crujir un poco los peldaños de mi cordura
Dónde llega ese frío que roza el subsuelo
Donde callan todos los bustos del pasillo
Y las luces ceden un poco.
Encontré una habitación, en mi casa de maderas añejas, dónde puedo rasgar mi piel sin que nadie lo noté, encontré mil mascarás llenas de risa y felicidad. Me quedaré a cenar en esta habitación, cabezas de esfinge en salsa de lombriz...
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