Esta
casa es grande aunque no lo parezca, y mi madre muchas veces se pierde en las
habitaciones más frescas, donde el aire es fuerte y se lleva todo. Tener la
maldición del tiempo y la desgracia del matrimonio encima no se compara con
haber engendrado a uno serie de demonios, mestizos, hechiceros y una que otra
hada. Ella ahora habita sus propias habitaciones, pequeños cuartos donde
millones de cucarachas , con enormes lentes y cigarrillos amarillentos leen el
futuro entre las texturas del humo que exhalan.
Entre
un día a buscar respuesta a este vuelco que dieron mis tripas, ahí estaba la
más blanca de todas. Cuando se me acerco, solo para solicitar que le encendiera
un cigarro algo marrón, subió por mi brazo y susurro levemente al oído la
receta para trasformar el color de una naranja a púrpura.
De esa
ocasión solo guardó un pequeño fragmento en mi memoria, es mi madre solicitando
un unicornio.
Por que
para lograr cambiar las naranjas, necesito un unicornio.
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